Polinesio

Parada #125 e/ Capote y Pío Rosado, El Cristo, Bayamo, Granma

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Y cuando cené, el dinosaurio todavía estaba allí


El Polinesio es uno de los primeros restaurantes privados abiertos en Bayamo. Con más de 20 años de experiencia y a pesar de situaciones de altas y bajas, ha sobrevivido a disímiles embates, lo que nos hace pensar que no han hecho las cosas del todo mal, y hoy resultan una especie de dinosaurio gastronómico.

Ubicado en calle Parada No. 125 e/ Pio Rosado y Capotico, en la planta baja, como salón temporal, a la espera de que sea reparado el salón principal. La decoración resulta más que ecléctica, descoordinada. Lo mismo sugiere un estilo antiguo al tener un piano y muebles con el diseño de antaño, que uno más tradicional con el uso de taburetes o moderno, con cortinas muy a la moda, pero totalmente dispares. En esencia, no se ciñen a un tema en concreto, tal parece que fue montado con rapidez o simplemente con lo que se tenía. En una de las paredes, un gran televisor con reguetón estridente y que, de los 20 comensales que coincidimos en ese momento ninguno estaba mirándolo. Las paredes de color salmón requerían algo de mantenimiento. Sin embargo, la barra bien surtida con wiski, coñac, rones, licores y otras bebidas.

La dependienta me entrega un álbum de fotos, esperé encontrar fotografías del lugar o gastronómicas, pero no, era la carta. No le vi lógica, tal vez pudo ser otra solución facilista, no obstante, estaba bien estructurada separando cada género con sus platos específicos. Los precios de los platos fuertes variaban de 100 a 200 CUP, sin incluir guarniciones. En algunas mesas faltaba la angarilla para el vinagre, en otras, la del aceite. Las condiciones acústicas desfavorables teniendo en cuenta el techo bajo, lugar cerrado y la música del tv que perturbaba.

El servicio fue mediocre. El entrante llegó junto con el plato fuerte. Al ordenar la ternera, la dependienta hizo gesto de extrañeza y luego se disculpó refiriendo que habían cambiado la carta y ella no recordaba ese plato. Para solicitar algunas cosas había que estar atentos a ellas y no ellas al cliente. La capitana del salón compartió bebida y ternura con un cliente que estaba en la barra que al parecer era su novio, actitud que valoro poco profesional, pues considero existen momentos y espacios para ello y en su puesto de trabajo, lo más importante deben ser los clientes.  

Sin embargo, la comida resultó muy buena, al punto de arreglarnos la noche. Como entrante para la cena nos enfrentamos a la disyuntiva de ordenar coctel de atún o de camarones, ambos a 80 CUP y defendiendo lo inusual, escogimos el atún. Presentado en vajilla en forma de cubo trapezoidal de vidrio, decorado de manera simple con una hoja de lechuga, mayonesa, salsa de tomate y aceituna. Con acentuado limón, sin otra cosa que destacar o criticarle.

Los platos fuertes ordenados fueron un Enchilado de cangrejo 130 CUP, el campeón de la mesa, presentado en 3 porciones y coronado con aceitunas; de gustoso sabor marino, limpio, sin fragmentos de cascarones que pudieran entorpecer al masticar; y una Ternera guisada 150 CUP bien cocida, a la temperatura adecuada, la carne blanda, y de color oscuro. En ambos platos las raciones fueron generosas, aunque decoración resultó ser la misma, una salsa de mayonesa pigmentada que solo cambió de color de un plato a otro. Para acompañar el plato disfrutamos un Arroz Congrí Oriental 15 CUP, con un toque de humo que me recordó la comida del campo, desgranado, de tono claro y aromático. Unas Papitas Fritas 25 CUP sin exceso de grasa, no eran crujientes, pero resultaban agradables. La Ensalada Mixta de Estación 15 CUP contenía pepino, frijolitos, lechuga adornada con una rosa de tomate, y quimbombó, este último poco frecuente en los restaurantes. Todos frescos, cortados en finas porciones y con adecuada cocción los frijolitos. De postre solicitamos Flan de Leche 15 CUP, la masa un tanto dura y polvoreado con festiva grajea, la cual, evidentemente, sobraba.

La relación precio-calidad, razonable, tal vez un poco cara para la ciudad de Bayamo. Hubiésemos preferido los platos guarnicionados a propuesta del chef, resulta más económico y orienta al cliente.

De manera general disfruté la visita. Una lástima la decoración despistada y las manquedades del servicio. Aplaudiría el cambio inmediato de esos elementos que hoy entorpecen el rejuvenecimiento del dinosaurio para poner al Polinesio en un lugar de avanzada, que merece por su edad y cocina, en el grupo de restaurantes que promueven a Bayamo como un destino gastronómico.


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