El Conquistador

Donde el sabor es magia

Milanés #148, Camilo Cienfuegos, Bayamo, Granma

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Un anfitrión a la conquista del cliente


Aunque muchos consideren que en un restaurante lo mejor debe ser la comida, la psicología social explica también la necesidad de afiliación y de compartir para sentir absoluto placer en las experiencias gastronómicas.

Fue así, en compañía, como llegamos al Bar-Restaurante El Conquistador, ubicado en calle Milanés no. 148, Bayamo. La dependiente nos recibió con una cálida bienvenida en un salón de color naranja y negro –en su mayoría–, de amplitud suficiente como para poder compartir con cierta privacidad. Una de las paredes presumía el logo que representa a trazos: un conquistador con casco estilo morrión, típico del S. XVI. Diseñado por el dueño del lugar, quien para fundamentar su valor histórico refiere que quiso representar la época en la cual fuimos conquistados, nos revela una tremenda colisión cultural, influyente en la conformación de la cocina criolla. Al mismo tiempo, el nombre del restaurante deviene reto para ellos, al definir como objetivo primario conquistar al cliente.

Llega la carta, muestra de contenido organizado y legible. Ordenamos nuestro pedido y, mientras esperábamos, notamos particularidades con relación a los restaurantes de nuestra ciudad, por ejemplo, un sitio para colgar las pertenencias y un área destinada a los fumadores.

Para llegar al baño había que transitar un estrecho pasillo y la puerta quedaba próxima a la cocina, algo que puede resultar poco conveniente. Son evidentes las dificultades con las que tienen lidiar estos espacios adaptados para prestar servicio, pero creo que se puede invertir un poco más en evitar este tipo de coincidencias; no obstante, todo estaba higiénico.

Los entrantes de la cena fueron Coctel de camarones 50 CUP –uno de los más baratos que te puedes encontrar en los restaurantes privados– y Tostón relleno de atún 80 CUP. El coctel, para mi gusto, no fue bueno: acentuado sabor a marisco, el camarón sobrecocido, acompañado de una salsa rosa un tanto dulce que no le favorecía; sin embargo, a uno de mis compañeros le resultó sabroso. Los tostones presentados en tres unidades, con basta cantidad de atún, agregado cátchup, cebolla blanca, ajíes y la misma salsa rosa, aunque en esta ocasión, la mezcla me resultó más atinada. Sugiero que varíen la salsa en cada porción, pues corren el riesgo de aburrir al comensal. A sugerencia del chef ordenamos un Enchilado de cangrejos 125 CUP, de exquisito sabor, bien sazonado, sin huesecillos, presentado en forma de corazón, tal vez motivado por nuestra visita en pareja. En la base, un tambor de boniato, estupendo maridaje entre dicho tubérculo y los crustáceos, inspirado en la tradición popular del bacalao (y frutos del mar en general) con él boniato hervido y coronado con fritura de malanga cortada bien fina. El plato seguía las actuales tendencias de dar volumen, aunque los ocres apagaban el contraste. Todo estuvo servido caliente, y en términos de cocción adecuado, sobretodo el ají crocante.

Otra de las opciones degustadas fue Bistec de cerdo con vegetales 125 CUP, jugoso y blando, se percibía el adobo previo en limón, con ese gusto clásico del bistec casero. La carne dorada en mantequilla con excelente aroma que armonizaba bien con los vegetales salteados.

Acompañamos nuestro plato fuerte con una nombrada Ensalada Estación 25 CUP de col, pepino y tomate. Todo bien fresco, cortado en finas porciones, aderezado con aceite, vinagre y sal. Ordenamos una ración de Mariquitas 25 CUP doradas y crujientes. El postre Flan Tutifruti 35 CUP nos sorprendió por la corona de dulce de higo que, decorado con sirope de fresa y tierra de galletas dulces, distinguía al plato. Cerramos la noche con una Piña Colada cremosa, fría, con canela y trozos de piña natural. En mi opinión una de las mejores que he probado en la ciudad.

Durante toda la cena el anfitrión estuvo atento. Cada cierto tiempo se nos acercaba, sugería, preguntaba, explicaba con humildad, diligente, nunca inoportuno y siempre preservando la intimidad. Indudablemente conocía y estudiaba a sus clientes, orientando lugares para tomar foto o con el simple saludo familiar que recibió a otros comensales. También nos resultó muy agradable que la dependiente recordara el término de cocción preferido por uno de los amigos de la mesa, gesto de preocupación por satisfacer preferencias individuales. Al final, hubo un pequeño incidente que quedó resuelto con auténtica gentileza.

En esta ocasión, la experiencia demostró que una buena comida complementada con un anfitrión atento y diligente hace mucho por la conquista del cliente.


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