Rancho Vista Hermosa

De la granja a la mesa

Camino La Esperanza, Bacuranao, Guanabacoa, La Habana


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Rancho Vista Hermosa, agroecología y cocina campesina.


Cerrando este 2020 visitamos la nueva propuesta gastronómica de Raúl Relova y su socio, Misael Ponce, anteriores titulares del restaurante Mediterráneo Havana. Ante las dificultades impuestas por la covid-19, decidieron retornar al epicentro de sus acciones: la Finca Vista Hermosa, conocida por su popular Mercado de la Tierra, donde está su restaurante campestre con el mismo nombre de la finca.

Insertado en el entorno natural, es un ranchón abierto, con techo de guano, taburetes y mesas de madera rústica, cocina informal y campesina. El menú se resume en una página para bebidas y otra para comidas, con ofertas que, al igual que en Mediterráneo Havana, tienen como materia prima, casi exclusivamente, alimentos de la propia finca producidos con conceptos agroecológicos, su slogan es “De la granja a la mesa”. Los platos degustados poseen ese sabor “natural” de un producto hecho en casa, al que se le da atención y afecto para alcanzar una auténtica expresión.

La tabla mixta de quesos y embutidos resultó la estrella de la tarde; por 5.00 CUC (moneda a la que acabamos de decirle adiós), degustamos una selección de jamón, butifarra y tres variedades de quesos, con sabor excepcional y procesados en la misma finca; además, degustamos las frituras de yuca 1.50 CUC y las croquetas de espinaca 3.00 CUC, ambas acompañadas de una salsa de mostaza y miel que funcionaba muy bien como aderezo. Como platos fuertes pedimos las clásicas masas de cerdo fritas  (carne magra y fresca) 4.50 CUC —porción que perfectamente pudiera ser para dos personas—, algo secas, es decir, hubiéramos deseado sentir mayor presencia del típico mojo cubano; el pato confitado 7.00 CUC, sin picos de sazones sobresalientes; y el conejo en salsa 8.50 CUC, el más celebrado por su textura y cocción impecables, con notas de hierbas aromáticas y condimentos naturales. Ninguno de estos platos incluye guarniciones habituales de restaurantes cubanos, se presentan decorados con vegetales salteados, puré de malanga y chicharritas de boniato en el caso del cerdo y el conejo, y trocitos de frutabomba (papaya) confitada para el pato. Los precios de potajes de frijoles negros o colorados, vianda frita, vegetales salteados o ensalada de estación oscilan entre 2.00 CUC y 2.50 CUC; en la carta incluyen raciones de arroz moros y cristianos 4.00 CUC, arroz blanco 3.00 CUC y arroz con pollo a la chorrera 4.50 CUC. Sería conveniente una coherente y más efectiva ingeniería del menú, pues las raciones de arroces  así como otras propuestas de la carta, sugieren desbalance en los precios desde una apreciación comparativa y de inversión de recursos materiales y humanos. Sin embargo, no podemos olvidar los valores añadidos y específicos de las recetas de Vista Hermosa con su cocina de proximidad, inocua y saludable. Las raciones de los postres son abundantes, quizá desproporcionadas  en relación con las raciones y precios de otros platos del menú: helado de piña industrial 1.50 CUC (3 porciones boleadas en cuchara de 5cm) y dulce de frutabomba con ricotta 2.00 CUC.  

La carta del bar incluye rones nacionales, cocteles cubanos e internacionales, jugos naturales, entre otras bebidas. Dos cocteles son de la casa: el Vista Hermosa 3.00 CUC que es un evolutivo del Mojito clásico, con guarapo (jugo natural extraído de la caña de azúcar) y hierba buena —fresca y aromática— y el Guarabana 2.00 CUC (ron con guarapo). Pedimos el Mojito 2.50 CUC y el Vista Hermosa, ambos expresaron la profesionalidad del cantinero, con mezclas precisas e inolvidables.

También queremos hacer algunas recomendaciones respecto al servicio de salón que, aunque cordial, explicativo y sincero, en ocasiones sentimos cierta desatención a la mesa. El restaurante, que abrió hace poco más de un mes, no tenía todas las mesas ocupadas, por lo que la demora en entregarnos la carta menú no se justifica; además, nos resultó incómodo llamar la atención del mesero para realizar algunos de nuestros pedidos. Deben establecer áreas de salón para los dos meseros de cada turno para que cada cual priorice sus mesas asignadas. Además, debido a la exclusividad de las recetas, hechas con las disponibilidades de la finca, algunos de nuestros pedidos ya se habían agotado o no los tenían ese día, por ejemplo el caldo de guineo que es emblemático de la casa o el potaje de frijoles colorados.

Finalmente, habernos decidido por hacer carretera para regodearnos en paisajes y comida campestres, valió la pena; la experiencia resultó enriquecedora. Una oferta de calidad, 100% auténtica y honesta, cualidades que muchas veces se nos hace difícil definir y encontrar en la restauración nacional. Recién comienza este ranchón que muchos anhelábamos, pues los restaurantes campestres, en su mayoría, han desaparecido y siempre estuvieron en la preferencia de los cubanos


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