Coppelia

L Esq. 23, Plaza de la Revolución, La Habana


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¿Qué esconden las bolas de helado Coppelia?


Las interminables colas, ya ostensibles antes de la pandemia, dentro de Coppelia se han hecho endémicas. Incluso un área habilitada para pagar por tarjeta -mediante las APPs Enzona o Transfermóvil-, que al principio resultaban más discretas, ahora también se desbordan.

En los momentos actuales, dadas las complejas circunstancias, la famosa y céntrica heladería se alinea con el resto de cafeterías y restaurantes tanto estatales como privados en la capital que ofertan sus productos y platos solo para llevar.

Aunque, como decía, se hace casi imposible a cualquier hora dentro del horario también restrictivo de atención al público (10 am a 6 pm), entrar al amplio establecimiento del Vedado, pude uno de estos días marcar temprano por una gestión cercana, y tras un par de horas, adquirir una buena cantidad de helado dividido, en sendos recipientes, en caramelo y moscatel.

Debe considerarse que, pese a la distancia considerable entre la calidad del divino postre de hace unos años, cuando la edad de oro de esta marca emblemática, a hoy, media una buena distancia, el helado no está mal; se le siente la crema, quizá algunos sabores un poco pasados de azúcar, pero  sabroso y alimenticio.

Desde su inauguración en los años 60 hasta inicios de los 90 del siglo pasado, Coppelia comercializó un tipo de helado que se colocó entre las mejores marcas del mundo: tenía un sabor peculiar, un olor delicioso, y tal era la enjundia de sus ingredientes que un par de bolas lo mantenían a uno repleto durante horas, sin olvidar la presentación de sus combinaciones (Sunday, Jimagua, Ensalada…) aderezadas con mashmelow, sirope y en algunos casos hasta cóctel de frutas, y biscochos.

Todo eso fue deteriorándose pero la calidad del helado no mermó esencialmente, hasta ser sustituido por la marca Varadero, realmente pobre y distante de su predecesor; incluso el poco helado Coppelia que se ofertaba, en una pequeña área que vendía en CUC durante el nuevo siglo, aunque mejor, no podía compararse con el producto inicial.

En estos momentos no se sabe exactamente qué tipo de helado degustamos; yo, que durante décadas fui adicto a la antigua marca y en particular a muchos de sus sabores –sobre todo frutales-, puedo asegurar que Coppelia, aquel inconfundible e incomparable, no es, pero repito: no es un mal helado el que ahora oferta la célebre institución.

Sin embargo, lo inconcebible, inadmisible y censurable, es que el ahora comercializado, haya sustituido los pequeños y deliciosos segmentos que encerraban muchos de sus sabores (fresa, melocotón, almendra, chocolate, piña glasé…) por algo mucho menos agradable: ¡trozos de hielo!. En particular el caramelo no se puede prácticamente tomar, pues cada cucharada encierra cualquier cantidad del agua congelada.

Cuando estamos en medio de una situación tan peligrosa, cuando debe hacerse mucho tiempo de filas para adquirir un poco de la sabrosa y refrescante golosina, cuando, al igual que casi todo, el precio se ha elevado ( de 0,50 y después 1 y 1.50 a 4 CUP la bola), resulta irrespetuoso al público ofertar un producto deficiente y mal elaborado.

Ese hielo que esconde el helado Coppelia puede ser el iceberg que vuelva a hundir el Titanic, o por lo menos el prestigio de la emblemática heladería, por lo que sus directivos deben tomar cartas en el asunto y resolver ese problema cuánto antes.


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