El Cochinito

23 #457 e/ H y I, Vedado, Plaza de la Revolución, La Habana

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El Cochinito: Cuidar mejor su servicio y calidad


Aunque también sumado a la entrega domiciliaria, el popular y céntrico restaurante del Vedado que tiene como emblema el “mamífero nacional”, mantiene abiertas sus puertas con el fin de despachar cajitas, entrepanes, refrescos y otras ofertas para quienes pasen o vayan directamente a degustar sus famosos platos.

De camino a una actividad de trabajo, hice mi pedido: dos raciones de Lechón asado 30.00 CUP cada una y dos de Ajiaco criollo 8.00 CUP c/u, advirtiendo a la joven que me tomó la orden que la recogería en una o dos horas, y ella que para el segundo plato debía traer un recipiente; como vivo muy cerca no ví dificultad y acepté.

Al regreso, mi vale estaba trastocado; otra persona se había llevado las raciones de ajiaco y ya este se había agotado, por lo cual la dependiente me devolvió el dinero disculpándose por no haberse percatado del fraude y extrañarse de que yo demorara tanto (en realidad no pasó del tiempo previsto).

Es comprensible que en las circunstancias actuales se trabaje con cierto stress y tengan lugar episodios como estos, pero debe tenerse cuidado.

Ya en casa, al trasvasar las cajitas aprecié con satisfacción que las raciones de cerdo estaban bien servidas, y al probarlas comprobé su elaboración satisfactoria, con notable sazón y bastante magras, casi ausente de “gordos”, (como se sabe es un riesgo con este tipo de carne, a veces llena de grasa en exceso y pellejo); en fin, sabían muy bien. La guarnición tampoco era corta: papas fritas (algo ajadas ya) y arroz blanco…pero este… ¡prácticamente crudo!.

Referente indiscutible de la gastronomía estatal, verdadero clásico de la restauración capitalina y nacional, El cochinito debe cuidar su prestigio y su trabajo, aun en tiempos de coronavirus, o todavía más: su clientela habitual o nueva, lo merece y exige.

Tras el chasco con el ajiaco pude en par de ocasiones dar con el sabroso caldo tan apreciado. Bien surtido de viandas y pedazos de carne, espeso y sin excesiva grasa, en realidad dos raciones podían llegar hasta a cuatro y sentirse uno satisfecho. Sin embargo a la tercera fue la vencida: un líquido clarete, poco sustancioso excesivamente salado y lleno de huesos fue la nueva realidad. Comunicado al administrador, este fue receptivo y propuso incluso devolverme el dinero, pero le dije lo que ahora repito aquí: es preferible devolverle el ajiaco su, hasta hace poco, elogiable calidad. 


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